jueves, 6 de diciembre de 2012

El Árbol de Yule


Más conocido como Árbol de Navidad, el tradicional árbol que todos colocamos en nuestras casas cuando llega diciembre tiene, como casi todo en el cristianismo, un origen pagano. Un origen que se remonta a aquellas lejanas e invernales noches de Yule, antes de que la nefasta garra del Cristianismo, religión que asoló con lo femenino, se extendiera por todo el orbe.

Sobre el origen del Árbol de Yule, cuenta una vieja leyenda alemana que Martín Lutero, regresando a Wittenberg una silenciosa noche de Yule, tuvo una idea tan brillante como la nieve y, cogiendo un pequeño abeto del bosque lo adornó con pequeñas velas, piñas y dulces para recrear la imagen serena y bellísima de los árboles helados resplandeciendo bajo las estrellas. Quiso llevar a su familia la imagen que su alma había captado en el bosque aquella fría noche del solsticio.

Los orígenes del Árbol de Yule son germánicos y nuestros ancestros adornaban sus hogares con ellos como símbolo de renovación, esperanza y retorno. Por eso el Árbol suele ser siempre un abeto y las casas en el ámbito anglosajón y germánico suelen adornarse con muérdago, acebo y madreselva, que como podréis observar, son todas plantas de hoja perenne, no por casualidad ya que como he dicho, estas plantas que nunca mueren son símbolo de la perpetuidad del alma.

Encontramos de nuevo un ritual de sacralización de la naturaleza, al igual que lo encontramos al comienzo de la primavera, en Ostara y Beltane cuando todos los altares paganos son adornados con las flores y las plantas de esa estación.

Los colores predominantes de estas fiestas son el verde y el rojo, pues ambos colores son asociados al mundo de las hadas y simbolizan la presencia de espíritus de la naturaleza. No son colores utilizados por casualidad pues ambos corresponden a un antiguo conocimiento iniciático donde el rojo simboliza la sangre y la vida y el verde es el color de la tierra y de la naturaleza. La sangre fertiliza la tierra. 


Los adornos que se colocan en el Árbol de Yule guardan también una antiquísima simbología. Colgamos luces de colores, bolas de cristal, campanitas, estrellas, piñas, etc. Las luces navideñas que colgamos eran antiguamente velas que se colgaban invocando a la llegada de la luz que vendría con el solsticio y la luz del alma del mundo. Era tradición, en muchos lugares, encender una vela y guardar vigilia aquella noche para celebrar, en silencio, la llegada de la Luz, que simbolizaba todo lo nuevo por llegar. Las bolas de colores y las estrellas simbolizan a los espíritus del cielo, lo que veían al caer la noche en un mundo donde no existía la luz eléctrica. Las campanitas, se ha creído siempre que ahuyentan a los espíritus negativos y las piñas y otros frutos simbolizan la abundancia y la fuerza. 

En estas fechas cercanas al solsticio es bueno ser conscientes de esta simbología pues apela a arquetipos de renovación y renacimiento que son los que dan sentido realmente a estas fiestas. Despojemos al solsticio de símbolos que ya no dicen nada y otorguemosles la profunda significación que nunca deberían haber perdido.  


3 comentarios:

  1. Ya es hora de que todo el mundo conozca el verdadero significado de estas fiestas que aunque en mayoría se han convertido en celebraciones de consumo, compra y venta y derroche, tienen una razón de ser muy hermosa y significativa para todos los paganos.
    Ya es el momento de que la gente sepa lo que representa el poner un árbol adornado de luces,estrellas, piñas y campanas...que no es nada más y nada menos que el alma, la sustancia del solsticio, de las gélidas y mágicas noches de Yule.
    Me encanta leerte Marta.
    Un beso.

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  2. Hola, Marta, me ha gustado mucho tu nueva entrada, sobre todo porque nos ayudas a recuperar las antiguas tradiciones con un sentido más acorde a las celebraciones naturales. Sólo quiero apuntar una cosita. Por favor, que no se arranquen muerdagos, musgos y otros elementos naturales, muchos de ellos tardan muchísimo en crecer y otros están en peligro por querer llevar la naturaleza a nuestras casas, respetémosla, y si llevamos algo, que sea lo que Ella nos regale, aquellas hojas que ya están en el suelo, o que no corran peligro que acabar con ellas, no caigamos en dañar la naturaleza que nos acoge. Lo importante es lo que simboliza, la tradición, y ahora que sabemos lo que es, que nuestras celebraciones sean lo más respetuosas posibles con Ella.
    Muchas gracias por tu entrada, me ha gustado muchísimo. Y un abrazo por tu dedicación.

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  3. Hola Marta, saludos y felicitaciones por tu blog, muy interesante el tema, especialmente para las personas que ven estos tiempos de reflexioón como un mero evento agasajando el consumismo.
    Otra cosita es que te escribí hace unos días a tu email (18 de nov), te pediría de favor que me respondas. Saludos y felicitaciones, tu blog va viento en popa.

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